El 15 de octubre de 2009 la clase obrera puertorriqueña se lanzó a la calle en protesta ante la inminente cesantía de 16,470 servidores públicos ante el déficit de $3,200 millones de dólares en el que se encuentra el gobierno boricua. A la manifestación se unieron entidades religiosas y artísticas, así como una alta presencia del cuerpo universitario local, en mayoría de los diferentes recintos de la Universidad de Puerto Rico.
Aunque durante las diversas manifestaciones existieron divisiones de la muchedumbre y ciertos roces verbales entre sus exponentes, el paro logró detener el desarrollo económico de la urbe por un día. De acuerdo a economistas la pérdida en la producción bruta circundaba los $150 millones, cuantificación representada en el cierre del conglomerado capitalista conocido como Plaza Las Américas.
Luis Fortuño, gobernador de Puerto Rico, fue la pieza clave receptora de la cólera colectiva. Pancartas que caricaturizaban una amalgama del funcionario con Millhouse, personaje animado de la serie televisiva The Simpsons, resaltaron entre los presentes. Estribillos que lo acusaban de mentiroso, fascista y déspota en cama con los grandes intereses locales y extranjeros dominaban la atmósfera audiovisual del paro.
Y es que tales acusaciones descansan en germinaciones concretizadas en hechos e inferencias de éstos. Fortuño garantizó en los debates previos a las elecciones; ante los planteamientos de su contrincante, el entonces Gobernador Aníbal Acevedo Vilá, del plan económico fortuñista que culminaría en despidos masivos; que el único despedido sería el entonces primer mandatario. El ahora gobernador fue en contra de su promesa de campaña lo cual descansa, si no en vil mentira, en banal deshonestidad.
Su cualidad fascista y déspota se dejó demostrada por sus funcionarios con teoremas sociopolíticos como Such is life, militancia equitativa al terrorismo y la implementación indirecta de su código para el expendio de bebidas alcohólicas con el abuso policial de la fuerza de choque en el ground zero conocido como la Avenida Universidad. Pero es su idilio con los grandes intereses el que se puede considerar factual. Proyectos como Rivera del Caribe, el desalojo forzado de Villas del Sol y el paréntesis al bienestar social otorgado a los hoteles y paradores en el horario de expendio de bebidas alcohólicas son prueba del New Corporate Deal de la administración, en base republicana, del gobernador.
Es en la fuerte presencia del corporate wellfare como modus operandi de la administración Fortuño donde estriba el paradigma de causa/solución a la crisis que enfrentamos. El mandatario no escatima en dejar a miles de hogares sin un sueldo acostumbrado. Mucho menos en golpear al pequeño comerciante con el fantasma de la “seguridad pública”. Sin embargo, ante la crisis económica contemporánea, sufre de una alta cobardía en enmendar la tasa de incentivos a las industrias extranjeras. La posibilidad de modificar las exenciones contributivas de hasta un cien por ciento a las grandes compañías y aseguradoras no es opción válida para su plan de gobierno. Y por lo visto la excusa del miedo al abandono de éstas al mercado local no debe ser base y fundamento para rescindir a tal contingencia. Las exenciones contributivas no detuvieron el cierre de farmacéuticas en pasados años, y la pérdida de empleos no aparenta ser un factor determinante en la toma de decisiones ejecutivas.
Si utilizamos como ejemplo las aseguradoras internacionales radicadas en Puerto Rico podríamos ver un patrón emerger entre sus números. Los beneficios que reciben al incorporarse en Puerto Rico incluyen exenciones de todos los impuestos para la aseguradora y sus accionistas, de los ingresos obtenidos por la aseguradora internacional y sus compañías afiliadas, de los dividendos y distribución de ganancias, de la franquicia municipal, de los impuestos sobre propiedad reales y personales, de aguantar impuestos en pagos de dividendos y distribución de otras ganancias hechas a terceras personas y de rendir las planillas con el Departamento de Hacienda de Puerto Rico. I feel winded.
Según el Centro Internacional de Seguros de Puerto Rico, iniciativa adoptada por Luis Fortuño como parte de la agenda económica para el siglo XXI, nuestra Isla ha demostrado un crecimiento económico en la última década. El folleto promocional del Centro también asegura que Puerto Rico es el tercer mercado de seguros per cápita en Latinoamérica. De las 344 aseguradoras extranjeras presentes en la Isla, según el mismo folleto, las siete aseguradoras internacionales registradas con la Oficina del Comisionado de Seguros (OCS) generan un capital aproximado a $9,500,000.00 en la Isla. En una aparente discrepancia de números entre el folleto y el registro online de la OCS, la cantidad exacta de billones de dólares del volumen de subscripción brilla por su ausencia.
Pero, de manera hipotética, contemos con un posible impuesto de 5% (por debajo del IVU que todos estamos obligados a pagar) a tal capital generado. Hacienda recaudaría $475,000 anualmente a solo siete de las aseguradoras, sin contar los impuestos a sus accionistas. Si añadimos el mismo patrón a todas las industrias exentas de impuestos en la Isla, en un aumento contributivo de un simple 5%, el déficit se convertiría en superávit. Si en realidad somos el tercer mercado en Latinoamérica, el principio de mercadeo de nuestra oferta a su demanda respaldaría tal modificación. Es tan sencillo para las industrias como cambiar el nombre del candidato endosado por el del Departamento de Hacienda en el cheque que llenan como donativo cada cuatro años.
En entrevista para Televicentro, Fortuño indica: “Tengo fe en Dios y en este pueblo de que vamos a echar adelante y que, después de un momento oscuro como este, va a venir un nuevo amanecer y Puerto Rico va a florecer nuevamente.” Come on, Mr. Governor, put your money where your mouth is.
Fotos por: Luis Fornia
Fotos por: Nichole Mundo
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