
La imagen plasmada en una fotografía se contempla desde el otro. Se convierte en la alteridad más radical que evoca la presunción de lo conocido frente a lo desconocido y en el medio: el vacío. Vacío que va llenándose paulatinamente con el discurso del uno frente al otro construyéndose en ambas vías una identidad dual en donde se yuxtaponen lo visible y lo invisible. La retórica de una metáfora que se dinamiza a través de la arquitectura. Este escrito propone establecer una narración a partir de una fotografía que evoca la construcción de la identidad a partir del discurso arquitectónico.

La anterior imagen fue archivada varias veces: en la memoria de la computadora, en la memoria de la arquitectura que le acompaña, en la memoria del ojo que la miro a través del lente fotográfico y en la memoria de quien la construye e identifica desde la alteridad. Esa foto encierra uno de los discursos primigenios de la modernidad. El año puertorriqueño de su creación primera: 2007. Es en mayo de este año en el que la política puertorriqueña da un nuevo giro con la certificación como partido político de Puertorriqueños por Puerto Rico. La aparente disidencia de un sector se hizo eco y se constituyo dentro de los parámetros de una institución política. Fue también en este año en el que se aprobaron varias leyes en la legislatura puertorriqueña entre ellas la Ley 47 que enmendaba la Ley 184 del 2004 extendiendo el derecho a la licencia por paternidad a los empleados públicos que adoptaran, ya fuera con sus cónyuges o individualmente. Un discurso interesante por demás pues hacía muy poco (2002) que se había aprobado la Ley 165 que insertaba al hombre en el desarrollo y formación de los hijos desde el proceso de nacimiento. Un discurso que sigue contrastando con el discurso cotidiano sobre la maternidad y la mujer como vehículo de la reproducción. Este discurso se perpetúa en la arquitectura a través del diseño de edificios fálicos que se mueven hacia arriba con una mirada frontal constante. Es un discurso que va “looking forward” en un acto de ciego de solo moverse; el movimiento sin ningún destino en particular.
La imagen y la palabra son cómplices de esa “naturaleza” que se le atribuye al cuerpo femenino. La maternidad como categoría se sostiene sobre el paradigma kantiano subjectus-subjectum o el sujeto sujetado. El cuerpo femenino se construye desde la categoría ontológica como vía reproductora y desde la categoría político jurídico como la madre que amamanta en lo biológico y en lo social. La maternidad construida a partir de la arquitectura. El cuerpo materno se amolda a la estructura de la mecedora como si formara parte de ella. Se da una transferencia de cualidades y de esa forma le brinda a la criatura el confort necesario para ser alimentado. La madre se vuelve una extensión de la mecedora, el crío se vuelve una extensión de ella. Es como si fuera una prótesis que la completa como mujer. La mecedora se constituye en una relación dual con el cuerpo que sostiene. Cumple una doble función; por un lado es espacio de descanso y por el otro espacio para acunar.
La maternidad, entonces, es una categoría intrínseca a la construcción moderna del género femenino. Es un atributo necesario para completarse como fuente reproductora. De esta misma forma la arquitectura crea vínculos maternales y de apego porque se plantea como ese “algo” necesario que completa y forma la identidad de quien la mira. La lactancia, los cuidados y la atención que se desbordan hacia un niño pequeño son parte del discurso nacional y moderno de lo que es ser una “buena madre”. La arquitectura se encarga de hacer visible “ese lugar” que la mujer ocupa como madre en una sociedad que privilegia el status quo actual. Cuando alguna mujer transgrede ese orden se le demoniza, pasa a ser parte de un discurso indeseable.
Esta construcción del cuerpo femenino es símbolo que narra la nación y la arquitectura, a través de su lenguaje visual, va creando distintas categorías en su fragmentación. Se hilvanan historias alrededor de la figura materna de la misma forma que se deposita la confianza ciega en la arquitectura debido a su visibilidad. Esta paradoja se explica a través del vínculo emocional que se establece con la arquitectura nacional cual madre que amamanta con el seno materno las ficciones y los sueños infantiles. Así mismo las formas arquitectónicas de la “modernidad puertorriqueña”
“no son más que la utilería de una súper producción de ficciones y sueños.”[1] La construcción de la historia a partir del mito. Un mito que se construye en el vacío que hay cuando alguien más construye la historia del otro. Tomando la posición de anfitrión y con la suficiencia de llevar su cargo hasta los extremos porque tiene un poder que se consolida en la arquitectura que rodea (y encierra) al invitado. Este anfitrión en Puerto Rico viene desde afuera pero establece su poder hegemónico, de tal forma que los puertorriqueños pasan a ser invitados y turistas en su país. El anfitrión reclama como suya la historia de “su casa” y tiene la potestad de ir hacia detrás y hacia delante, cual mecedora, construyendo una historia que le acomode y le legitímese en la posición de anfitrión. Arrulla al pequeño con sus hoteles y lo sumerge en un mundo mítico que mitiga lo que puede resultar tan doloroso: ya no se está en el vientre materno. Por otro lado, el esfuerzo supremo del “anfitrión” por mantener su hegemonía está sentado sobre la posibilidad de que el infante pueda ser alimentado por otro seno o, peor, por una prótesis. Recurre a la anestesia hotelera para mantener su rol de anfitrión comprensivo y complaciente sin perder de perspectiva que el invitado es un botín de guerra: consecuencia de un encuentro cercano y violento entre dos cuerpos. Es una relación intrínseca de poder. Si hay un niño existe una madre. Es el discurso de yo tengo lo que tú necesitas para vivir; tú me completas socialmente y me permites ser. Sin embargo, este es un discurso invisible; uno que cae en la categoría de “es natural”. Y es esa naturalidad lo que le otorga la invisibilidad. La misma que trabaja Nouvel en su creación arquitectónica y reconocida por Baudrillard,
I fully agree with this idea of invisibility. What I like very much in your work is that we don't see it, things remain invisible, they know how to make themselves invisible. When you stand in front of the buildings, you see them, but they're invisible to the extent that they effectively counteract that hegemonic visibility, the visibility that dominates us, the visibility of the system, where everything must be immediately visible and immediately interpretable.
[2]
La hegemonía de la visible provoca que quien ejerce el poder siempre está en la expectativa de la posibilidad de desaparecer o el tan odiado “hell of sameness” baudrillariano; convertirse en lo mismo que los otros. Pero este es un sentimiento compartido tanto por el poder como por el sometido. Así que se apela y se permite “invisibilizando” la violencia al otro, destruyéndole con la excusa de la mirada frontal que implica progreso. Se crea, entonces, toda una cultura de miedo disfrazada detrás de una cortina de humo de confort. De la misma forma en la que se supone al peligro lejano mientras se está en el regazo materno se concibe a la arquitectura moderna como un espacio siempre seguro, siempre conocido, siempre accesible y siempre controlado.
El mismo control que se ejerce sobre el cuerpo femenino como depósito de lo maternal, viabilizado a través del poder coercitivo solapado que sostiene la imposibilidad del goce asumido por la propia mujer. Se cierran los espacios y se transita a través de códigos que limitan el acceso a otras experiencias. Un acceso controlado, por demás militarizado, del cuerpo. Es la demarcación de los límites, la militarización de los espacios. La arquitectura maternal sustenta “la sistematización de la guerra” desde la construcción de edificios que sirven como estrategia de control.[3] De la misma forma y, aun cuando el seno materno puede ofrecer el sentido de confort inmediato, también puede haber asfixia por la cantidad de leche extraída durante la succión. Entonces se da lo que Rodríguez Casellas llama un “cuento erótico de fuerza y sumisión” en donde al igual que el infante se acerca a la teta aun habiéndose ahogado, la arquitectura militarizada se presenta como el súper poder y quien la consume como la víctima curiosa. Sin embargo, se presenta el elemento del deseo que viene a llenar el vacío de no tener historia, sino en brazos de la madre. Es la relación dicotómica de “el deseo de ser tomado por el otro poderoso en coexistencia con el miedo a ser rechazado y el incremento en la sensación de culpa.”[4]
El espacio que se concibe en la fotografía que impulsó este escrito se inscribe en lo que la arquitectura provoca: la simultaneidad del lugar y el no-lugar del que habla Baudrillard y la relación, entonces, seductora y consensual entre el objeto y lo real, entre lo visible y lo invisible. Esta dualidad llena ese espacio en blanco; el vacío que se va llenando según el sitio y lo que lo llena y lo trasciende es la arquitectura.
[1] Rodriguez Casellas, M.
Soldiers and Tourists: The Subjective Selves of Puerto Rico’s Modern Architecture
[2] Baudrillard, J & Nouvel, J. 2005. University of Minnesota Press