
Según las estadísticas ofrecidas por la Alianza de Autismo y Desórdenes Relacionados de Puerto Rico, actualmente uno de cada ciento cincuenta niños nacidos padecerán del síndrome neurobiológico conocido como autismo; sin embargo, esta notación parece no preocupar a la sociedad actual. Se trata al autismo como un trastorno aislado y poco se entiende acerca de este malfuncionamiento cerebral. Asimismo, los esfuerzos por parte de los familiares de los niños afectados en ocasiones resultan infructuosos, ya sea por la falta de información relacionado a este tema, la limitación en recursos económicos para poder financiar su óptimo tratamiento, o simplemente una combinación en ambas.
Las peculiaridades más significativas para la identificación de este trastorno son “una interacción social limitada y problemas de habla. Los niños suelen no responder a sus nombres y a menudo evitan mirar a otras personas,” según la Alianza de Autismo y Desórdenes Relacionados de PR. Se observa con claridad una interrupción en las actividades sociales del niño: sin un buen manejo de su lengua y de su sentido visual, no podrá mantenerse activo en totalidad durante una conversación y su comportamiento se basará en lo que él, en su realidad, crea entendido.
Su posición en el mundo, de manera lamentable, será juzgada por su patología, y una sociedad capitalista no tiene espacio para personas “enfermas”. Se podrá presumir sobre una igualdad para todos, se escuchará frases de una justicia presente todo momento sin importar para quién, mas en una realidad donde la actividad económica se caracteriza por el ingreso capitalizado de las grandes influencias mundiales, no hay tiempo, ni espacio, para tratar adecuadamente a esta creciente población.
A menudo los estudiosos en este tema creen encontrar las causas del trastorno. Han hablado acerca de la posible conexión entre el autismo y algunas vacunas prenatales, lo han vinculado a algún factor determinante en el proceso de crecimiento del niño y hasta, de manera sorprendente, lo han afiliado con la edad avanzada de la madre al quedar embarazada.
Sin embargo, tales causas son simples hipótesis y podría notarse una repetición constante en sus observaciones, sin llegar a algún definitivo. Es como si las palabras de Esquilo cobraran vigencia en el presente: “La mayor parte de los hombres, falseando la verdad, quieren aparentar ser mejores.” No cabe duda, hay algo, o alguien, contagiando a esta sociedad, durmiendo a sus miembros, interrumpiendo su actividad social.
Al tener en cuenta que son esos niños los que manejarán el porvenir de la sociedad, muy poco interés se le ha dado al tratamiento de este trastorno. Hace diez años, el autismo sólo afectaba a uno de cada dos mil quinientos niños nacidos, según la Alianza, cifra que, en vez de alguna manera disminuir, se ha elevado de manera exponencial. Si tal incidencia sigue en aumento, ¿cómo será esta nueva sociedad? ¿Habrá algún tipo de nuevas leyes que defiendan (o penalicen, ¿quién sabe?) a esta población? ¿Cómo se manejará la economía capitalista futura si sus miembros no prestan atención y/o no entienden lo que es el dinero? ¿De qué manera se podrá aprovechar los recursos naturales?
Tal parece que faltará una modificación al sistema social actual, para así manejarse para con todos sus miembros, los “sanos” y los “enfermos”. Pitágoras ofreció una simple contestación a todas estas preguntas hace mucho tiempo: “Educad a los niños, y no será necesario castigar a los hombres.” Pero antes, será necesario determinar con certeza lo que es culpable por la propagación de este trastorno, sea lo que sea, para así poder tratarlo adecuadamente y si es posible, erradicarlo.