
“We’ve gotta give them hope!”, Sean Penn grita hacia una agitada multitud al encarnar a Harvey Milk bajo la amenazante sombra de la Proposición 6. Ésta permitiría el despido inmediato de maestros homosexuales y aquellos heterosexuales simpatizantes con éstos. De sobra está aplaudir la excelente caracterización, merecedora del Oscar, que le otorgó Sean Penn al fenecido primer líder homosexual electo a un cargo político. Los matices de carácter desarrollados en el personaje logran una metamorfosis íntegra, no sólo apoyada por la prótesis nasal en el actor, sino en la adaptación total del lenguaje corporal en reflejo directo a los pietajes de Harvey.
Los laureles merecidos por el film incluyen el excepcional uso de los elementos de producción del género fílmico del biopic, la inclusión de una amalgama de clips verdaderos y recreados en una inteligente fusión con el desarrollo de la trama y la sabia elección del elenco que reencarnó en el celuloide el círculo interno de Harvey Milk. Adicional a todo esto, el primordial aspecto de valor de la producción reside en su énfasis sobre la contemporánea lucha en pro de los derechos gay. Todo movimiento necesita su mártir para validarse como minoría ante la perspectiva sociocultural, como es de notarse con los asesinatos políticos de Jesús de Nazareth, Ghandi y el Dr. Martin Luther King, Jr. El movimiento pro derechos gay no es excepción al mantener una aumentativa lista de mártires en el trasfondo de la corte de opinión pública. ¿Recordamos a Matthew Shepard o a Brandon Teena? ¿Se nos ha olvidado el caso de Ángel Colón Maldonado, el “ángel de los solteros”, sospechoso de 27 asesinatos de odio, confesor de seis y convicto por tres en una corte de sus iguales? Aparte de sus menciones honoríficas en las producciones fílmicas basadas en los casos, el mensaje sigue estancado. Milk lo deja claro: el cambio solo se consigue a través del enfrentamiento y la toma de poder.
Soft power isn’t enough, como bien diría Antonio Negri. Hay que cambiar el sistema dentro del sistema, aquel que a priori es chauvinista y resguardado en ideologías fundamentalistas de una teocracia en teoría inexistente pero en práctica poderosa. Y en caso de duda, observemos las pasadas elecciones, donde la unión civil de parejas del mismo sexo fue considerada the hot button issue, al ser un tema que sólo afecta un porcentaje de la nación tenía prioridad sobre temas mucho más abarcadores como la economía y la educación.
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El cambio ocurre al romper la máquina política, aquella compuesta por republicanos, ante los medios, en contra de los derechos gay pero que para saciar sus represiones solicitan sexo a extraños en baños públicos u hostigan a pajes menores de edad. Aquella, la misma máquina compuesta por líderes que abogan por la plataforma conservadora de su partido mientras solicitan encuentros casuales sexuales a través del anonimato del Internet. También a esta se añaden los políticos que despiertan hacia el catolicismo-protestante (whatever the fuck that means) tres meses antes de las elecciones y una vez en poder olvidan el mensaje de tolerancia y amor de su Dios.

El cambio sólo ocurre cuando la comunidad se educa y escoge sus líderes con sabiduría. Entonces le será posible desenmascarar a los charlatanes e intolerantes líderes religiosos que componen el "remarketing of the temple". Sólo cuando esta comunidad reconozca en sí misma el poder inherente de la evolución del carácter, será posible lograr un verdadero cambio. Al cruzarse de brazos y permitir que la teocracia continúe en poder, al ignorar el profundo efecto que tienen en los derechos civiles tales arreglos legales como la Proposición 8 en Estados Unidos y la posible reevaluación de la Resolución 99 en Puerto Rico, se permite que la sangre de estos mártires, aquellos apedreados por el sistema mientras defienden los derechos comunales, haya corrido en vano. Then, and only then, there will be no use in crying over spilled Milk.
Ilustración por Rolando O. Sánchez.
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