
Es imposible conocer las intrínsecas sinapsis que ocurren en la cabeza de la senadora novoprogresista Evelyn Vázquez. Sin embargo, las veces que abre su boca podemos ver la prioridad que éstas toman.
Su interacción con la prensa refleja, en su mayoría, una campaña publicitaria enfermiza para con su persona. La servidora pública, quien vive una filosofía de antes muerta que sencilla, expone sus lujos e infortunios estéticos a los medios de una manera distanciada de la contagiosa crisis que sufren los diferentes sectores públicos del país.
En una distopía orwelliana, la legislatura boricua ha evolucionado del usual circo a una fusión farandulera que haría a Paris Hilton considerar una carrera política en la Isla. Evelyn Vázquez brilla como ejemplo. Con más participaciones en certámenes de belleza que mociones vistas en sala durante el 2010, la senadora refleja una similitud a Sarah Palin en un amalgama con la clásica voracidad por atención de toda una Maripily.
Para evitar el riesgo de sonar machista, presento mis credenciales. Al ser hijo único de madre soltera me crié bajo el tutelaje matriarcal, y me desarrollo como educador entre una facultad fémina en su cabalidad con éxito. Punto a probar: una mujer que utiliza de manera correcta el poder que tiene en sus manos es admirable y efectiva.
Sin embargo, Puerto Rico demuestra una creciente actitud, consumista en esencia, de metas y prioridades vanidosas en su inherencia. Tal orientación se denota en todos los géneros, como plausible resultado de varias generaciones de educación distorsionada. Pero es la explotación del cuerpo femenino la que resalta como merecedora de atención y cobertura.
El concepto ilusorio y transitorio de la belleza, relativo a mores colectivos, toma primacía sobre el desarrollo intelectual, individualista en propiedad, de una gran parte de las mujeres boricuas. La importancia de los certámenes en la idiosincrasia puertorriqueña es evidencia clave de esto. Pero son muchas las coronas y pocas las reinas con sustancia.
El uso político de la mujer hermosa, sumisa en su ignorancia, alcanza su acometido deslumbrante para desviar la atención del ojo boricua de los efectos producto de su respuesta en alianza siempre incuestionable a las directrices partidistas. No importa la crisis, si el Poder de la Semana nos representa. Al menos, la honorable senadora ofrece con su calendario material para la paja mental de un gobierno por el pueblo y para el pueblo.