Guaynabo refugiaba a la tribu con sólo días para el esperado concierto. Un pequeño estudio en la residencia del baterista Ed Paniagua servía como batey donde ensayar el ansiado areyto de Puya; una producción [multi]sensorial, bajo su control creativo, a desenvolverse el sábado, 25 de septiembre en el Anfiteatro Tito Puente. El regreso de los milestone setters boricuas, luego de un hiato de casi una década, marca consigo una agrupación evolucionada en la búsqueda de sus propias voces a nivel individual y colectivo.
La conversión de Whisker Biscuit a Puya en el invierno del ’93-’94 ocurre luego de cuatro años de experimentación instrumental entre el funk y el ska latinizado en sutileza hacia una nueva faceta del cuarteto que ocupa el core de la banda. En una breve deliberación, de menos de cinco minutos, el nombre traído a la mesa por el guitarrista Ramón Ortíz bautiza a la ahora histórica agrupación. El deseo de una palabra corta con fuerza en su lenguaje nativo, representativa de la música fuerte y latina a presenciarse, hizo de Puya la elección apropiada por su pegajosidad e interacción en word-play con el americano Boo-Yah! “La influencia viene de que la mayoría de nosotros somos bien cafeteros,” comentó el vocalista Sergio Curbelo en referencia al café puya, fuerte y sin endulzar como origen etimológico.
“La transición no fue nada forzado,” intimó Paniagua cuando indagó en el cambio de Whisker Biscuit a Puya. Nuevas influencias en Florida, con una escena local enfocada en música pesada y rápida como el trash y el black metal, se infiltraron con mayor fuerza en Puya. “Estos elementos empiezan a tomar raíces más fuertes y a la misma vez, estar fuera de Puerto Rico lejos de todo lo que estábamos acostumbrados a escuchar, pues, también teníamos ese sentido por dentro de que lo estábamos extrañando y se infiltró también en la música y empezó a fusionarse las dos cosas,” añadió Curbelo. Entre sus influencias originales mencionan a Fishbone, early Red Hot Chili Peppers, La Fania y Rubén Blades. Al entrar en pesaera, mencionan a Sepultura en varias ocasiones como una gran influencia por las raíces oriundas brasileñas en sus fusiones.
Los integrantes bromean al encapsular su género con términos como mozambique-punk, bomba-trash y salsa-core. “Es difícil ponerle un nombre, pero a la hora de la verdad cuando analizas la rumba y la bomba, la intensidad se parece al rock. La intensidad detrás de la música es una energía muy similar,” comentó Paniagua.
La fuerte humildad de los integrantes resaltó al referirse a Puya como una banda histórica y considerar el epíteto como uno que les quedaba grande. Aunque no niegan su influencia en el desarrollo del rock boricua en el nivel internacional; según el bajista Harold Hopkins, “hemos dejado nuestro granito, y puesto el nombre de Puerto Rico dentro del rock pesado.” Hopkins mencionó que la oportunidad de ser firmados por MCA, quienes al disolver su compañía eliminaron la firma que manejaba la banda, les abrió las puertas a nuevos círculos y presentaciones (Ozzfest, Red Hot Chili Peppers) que permitieron una amplia exposición y reconocimiento de la banda.
Su aclamada recepción en Latinoamérica la adjudican a una necesidad de música pesada entre el rock latino. “El público latinoamericano estaba hambriento de algo fuerte y pesado…mientras más fuerte nos poníamos más el bayú,” añadió Paniagua. El rock latino independiente está tomando riendas entre los géneros a los que somos expuestos; thank God Puya is back on the mix.

Luego de Union, los integrantes desarrollaron sus proyectos individuales y participaron con varios artistas en sus presentaciones musicales. Paniagua la describe como, “una etapa de mucha exploración y crecimiento musical” que fue beneficioso en la reunión de Puya. Hopkins consideró el disco como un intento de americanización por parte de la producción. La presión por un hit y el aumento de sencillos en inglés restringía la libertad artística de la banda. Por lo que, la disolución con MCA resultó un blessing in disguise, que permitió la evolución musical consecuente de Puya.
El cambio de label a indie proveyó a la agrupación con el breathing room necesario para desarrollar su nueva producción Areyto. “Estando independiente nosotros hacemos lo que, como se dice aquí, nos sale de los cojones. Logramos hacer el trabajo más cohesivo y fulfilling de nuestra carrera. Yo honestamente puedo decir que de todos los discos que hemos hecho, del único que me he enamorado es de éste. Cuando estábamos con MCA se sentía como una labor, con este disco es una labor de amor,” intimó Curbelo.
Puya no niega la posibilidad de producir un nuevo LP, ya que las únicas quejas que han recibido de Areyto es su brevedad con cinco sencillos. Lo único necesario, según ellos, es el continuo apoyo de la gente para obtener las herramientas de producción necesarias para lograrlo. “Hay que vender discos para hacer discos,” comentó entre risas Paniagua.
“Este sábado es para nosotros un desquite. Queremos darle el show a la gente que estamos locos por darle, con nosotros como headliners. Vamos a estar como dos horas en tarima, we’re not gonna hold back,” comentó Paniagua sobre el próximo concierto. El evento contará con una tarima inmensa y una amplia pantalla de trasfondo con visuales sincronizados por canción del artista boricua Celso González. “Va a ser un espectáculo verdadero… algo más representativo de lo que nosotros somos como artistas,” concluyó Curbelo.
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